ESPECIAL PARA EL SEGURO EN ACCION
POR LA DRA. MARIEL ADARO

El mercado asegurador argentino se encuentra ante una encrucijada histórica. Con leyes que datan de 1967 y una penetración estancada en el 3% del PBI desde hace décadas, el debate sobre la reforma normativa ha dejado de ser una charla de café para convertirse en un proyecto concreto en el Congreso. Sin embargo, la pregunta que recorre los pasillos de las aseguradoras y las oficinas de los productores es: ¿Cómo desregular la actividad sin desamparar al eslabón más débil y sin desdibujar el rol del asesor profesional?
De un Estado Administrador a uno Supervisor
La premisa central de la reforma propuesta es un cambio de paradigma: pasar de un Estado que «administra» el mercado a uno que supervise riesgos.
Para el actual Superintendente, Guillermo Plate, desregular no significa «zona libre», sino fortalecer el poder de policía. La protección del asegurado no nace de una burocracia que aprueba pólizas por anticipado, sino de un control estricto de la solvencia real de las aseguradoras. Como sostiene Plate, «no hay seguro sin solvencia», y esta debe ser constitutiva del contrato: por cada peso que se debe, debe haber un peso real en la caja, no solo una «ilusión patrimonial» en los balances.
El Asegurado: Protegido por la claridad
El proyecto que circula en off busca que la protección del cliente deje de ser formal para ser efectiva. Los mecanismos clave son:
- Lenguaje Claro y Transparencia: Se establece la obligación de redactar pólizas en términos simples, veraces y accesibles, eliminando tecnicismos innecesarios que alimentan la confusión.
- Consentimiento Informado: Especialmente en la era digital, el asegurador debe garantizar que el cliente comprenda las exclusiones y límites de cobertura antes de dar el «clic».
- Arbitraje Técnico: Para combatir la «industria del juicio» que encarece las primas, se propone una Red Nacional de Arbitraje. El objetivo es que expertos en la materia resuelvan conflictos con celeridad, evitando juicios de diez años ante jueces que, a veces, no comprenden la técnica del seguro.
El PAS: El Socio Estratégico de la Nueva Era
Lejos de buscar su eliminación, la reforma integral (que unifica las leyes 17.418, 20.091 y 22.400) redefine el valor del Productor.
- Segmentación de Canales: Se distingue claramente entre los canales con asesoramiento, reservados exclusivamente para los intermediarios registrados (PAS), y los canales directos para productos estandarizados de baja complejidad.
- Profesionalización e Idoneidad: El proyecto refuerza la capacitación continua como una herramienta de protección al asegurado. El PAS deja de ser un simple vendedor para consolidarse como un asesor de riesgos.
- Libertad de Remuneración: Se propone que las comisiones sean pactadas libremente entre las partes, sin aranceles mínimos ni máximos fijados por el Estado, premiando la eficiencia y la calidad del servicio profesional.
Plate ha sido enfático: los productores son los socios estratégicos de la Superintendencia. Son los primeros que detectan cuando una compañía deja de pagar o tiene conductas irregulares, funcionando como sensores de salud del mercado.
Opinión personal: Hacia la madurez del mercado
Este proceso de desregulación no debe ser visto como una carrera de velocidad, sino como un camino hacia la madurez institucional. Para que Argentina pueda aspirar a estándares internacionales de Solvencia II, el mercado debe abandonar definitivamente el modelo de «parches» ante cada crisis económica. Alcanzar un esquema donde el capital requerido esté realmente alineado con los riesgos asumidos —y no solo con formalidades contables— requiere una transformación cultural de todos los actores. En esta transición, la colaboración es innegociable: la SSN debe supervisar con criterios técnicos y no políticos; las compañías deben entender que la solvencia real es su único pasaporte a la estabilidad; y los productores, deben elevar la vara del asesoramiento profesional. Solo así el seguro pasará de ser un «trámite obligatorio» a ser el motor de inversión y protección que una economía normal necesita.

